Volvo Penta 1900

1900-1909

La historia de nuestra producción de motores comienza en la primera década del siglo XX. En 1907, Sköfde Gjuteri recibió el encargo de fabricar un motor de queroseno para operaciones de prueba. Éste sería el famoso B1 que diseñó Edvard Hubendick. El motor se llamó Penta, la palabra griega para cinco, por las cinco personas que asistieron a la reunión en la que se presentaron los primeros dibujos.

1907 – El Penta B1

1907 – El Penta B1

En 1907, los huéspedes del prestigioso hotel Billingen en Skövde vieron a un hombre joven de unos 30 años, vestido con una chaqueta de piel y zuecos de madera, quitarse los zapatos y la chaqueta, entregar sus pertenencias al encargado del guardarropa y luego entrar en el comedor para disfrutar de una merecida comida con sus calcetines de lana.

El nombre del joven era Edvard Hubendick, un ingeniero que trabajaba para lngenjörsfirman Fritz Egnell en Estocolmo y que llegaría a ser catedrático de motores de combustión en la Universidad de Tecnología de Estocolmo. Estaba en Skövde para supervisar el trabajo en un motor de prueba que funcionaba con queroseno en Sköfde Gjuteri & Mekaniska Verkstad.

En lo que respecta a la industria dominante de esta pequeña ciudad, éste fue solo otro ejemplo de los muchos pedidos poco comunes que la fundición recibió durante este período de despertar industrial. Los productos a medida para ofrecer a los clientes exactamente lo que querían eran el punto fuerte de la fundición, pero cuando llegó el pedido de la empresa de ingeniería de la capital, que ya era un cliente importante de turbinas de la fundición, empezaron a suceder cosas.

Nadie podía sospechar mínimamente adónde conduciría este primer pedido, pero el primer Penta, el B1, estaba en camino.

El nombre de Penta, una palabra griega que significa cinco, se eligió como resultado de una reunión entre cinco caballeros donde se presentaron los primeros dibujos del motor. Cuando se buscó un nombre para este producto, se eligió Penta para conmemorar este singular encuentro.

La historia no dice quiénes eran los cinco hombres, pero quizás fue el hombre que tomó la iniciativa, Fritz Egnell, y su ingeniero jefe, Edvard Hubendick, junto con el director ejecutivo de la fundición, John G Grönvall, y dos de sus empleados de mayor confianza, quienes tomaron la histórica decisión y siguen presentes hoy día a través del nombre.